lunes, 4 de febrero de 2008

¿Es terrorista el Estado colombiano?

Esta inquietud nos surge luego de la polémica desatada por la invitación del presidente Hugo Chávez, al gobierno colombiano de dar el estado de beligerancia a nuestra organización y a la organización hermana FARC-EP.

Pero dicha propuesta no es nueva, pues ya Alfonso López Michelsen, la había hecho hace algunos años. Sin embargosi bien no se le prestó mayor atención en su momento, a aquel representante de la oligarquía nadie lo tildó de amigo de las guerrillas, ni se puso en tela de juicio su capacidad intelectual y mucho menos su cordura.

Astutamente las cabezas más visibles de la retrógrada oligarquía de ambos países, se han ido lanza en ristre contra el gobernante venezolano, acusándolo de poner en peligro las instituciones, la seguridad del estado colombiano, y como si fuera poco adelantando movilizaciones en contra del gobierno bolivariano frente a su embajada en Bogotá.

Los medios de comunicación nacionales no cesan de arrojar su veneno, y mientras por un lado a las familias de los retenidos las engañan con frases de cajón que inducen a creer que Caracol, RCN o El Tiempo abogan, por una salida política al conflicto y un Intercambio Humanitario; por otro lado inducen a la opinión pública a endurecer sus posiciones, a clamar por la guerra, y buscan además crear el consenso que justifique la negativa de Uribe para encontrar caminos de paz, que pongan fin a siglos de desigualdad, injusticia y atropellos, contra un pueblo que solo clama a gritos justicia social.

Consideramos sin temor a equivocarnos que si algún actor en este conflicto merece el remoquete de terrorista, es el Estado colombiano; pues no ha dudado en ningún momento en utilizar todas las armas (jurídicas, bélicas, ideológicas), para mantener los privilegios de quienes desde nuestra primera independencia han ocupado los más altos cargos en las instituciones de esta seudo-democracia.

¿Quiénes son los terroristas? Los sucesivos gobernantes de este país, especialmente quienes ha regido pérfidamente los destinos de la nación desde 1938 hasta el momento actual. Todos sin excepción, con distintas máscaras han frustrado a sangre y fuego, el sueño de una Colombia enmarcada en una democracia participativa.

Podríamos irnos más atrás en el tiempo y recordar como el ejército burgués, eliminó en 1928, a cientos de indefensos campesinos en lo que se recuerda como “la masacre de las bananeras”.

Desde entonces o desde siempre, el desangre de los compatriotas no se ha detenido. No ha dudado la oligarquía, en usar sus fuerzas armadas contra todo intento de cambiar el statu quo; bombardeando pueblos enteros, creando fuerzas oscuras que realicen el trabajo sucio que legalmente no pueden ejecutar, fumigando cultivos, eliminando a representantes políticos de la izquierda, desplazando campesinos y grupos étnicos para entregar las tierras brutalmente despobladas a multinacionales que con antelación han diseñado proyectos económicos de los que sólo unos pocos disfrutan las ganancias.

Con dolor y asombro mudo, todos los colombianos hemos sido testigos del perdón y el manto de impunidad con que el Estado cubre a quienes descaradamente narran como masacraron a miles de personas humildes. Vemos también salir sonrientes ante las cámaras a quienes desde sus curules en el Senado, crearon las condiciones jurídicas y políticas para que el paramilitarismo se haya legalizado y justificado en Colombia.

Y para nadie son un secreto las condenas e indemnizaciones que el Estado ha tenido que pagar porque sus fuerzas armadas han secuestrado y ejecutado con saña a ciudadanos que posteriormente han sido vestidos con prendas militares para hacerlos pasar por guerrilleros. Recordemos por ejemplo como en el Arauca, fueron capturados por el ejército, tres sindicalistas, humillados por su supuesta pertenencia a nuestra organización y ejecutados a unos metros de la casa en que pernoctaban. Hecho por el cual fue condenada la nación

Quién olvida las privatizaciones de TELECOM, ECOPETROL y EL SEGURO SOCIAL, que han dejado a miles de trabajadores en la calle y por ende a sus familias al borde de la miseria.

Cómo no sentir rabia e indignación, cuando sólo en el departamento del Chocó, están muriendo al mes cerca de 500 niños de inanición. Una cifra que debería originar las más fuertes movilizaciones de solidaridad con unas gentes que están siendo eliminadas a punta de hambre y balas.

Cabe recordar hoy que hace algún tiempo se desató un escándalo pues se descubrieron restos de materia fecal en los alimentos que se suministran a los reclusos de la penitenciaria de Valledupar. En la misma que el personal de guardia del INPEC, asesinó a garrote al interno Fernando Preciado en el 2001.

Cómo olvidar que muchos de nuestros familiares han sido desaparecidos luego de visitarnos en las cárceles, y que otros han tenido que huir del país por el único pecado de ser parientes de quienes hemos optado por la lucha de liberación nacional.

Si no es terrorista un Estado que utiliza sus fuerzas armadas para secuestrar y ejecutar civiles desarmados; si no es terrorista un estado que abusando de la facultad de legislar somete a sus gobernados al hambre, la ignorancia, el desempleo, la cárcel, la indigencia, la guerra y la muerte; entonces ¿qué es terrorismo?

¡NI ENTREGA, NI RENDICIÓN!

¡SOLUCIÓN POLÍTICA PARA EL PUEBLO Y LA NACIÓN!

Frente de Guerra Suroccidental

ELN

www.kaosenlared.net

0 comentarios: