sábado, 18 de julio de 2009

Entrevista con Guillermo Rendueles, psiquiatra y ensayista.


...por Salvador López Arnal

Guillermo Rendueles Olmedo (Gijón, 1948) es psiquiatra y ensayista. Su obra, señala Wikipedia, “se centra en la crítica de la psiquiatría ortodoxa, en la teoría social y en la política radical”.
Rendueles cursó sus estudios de bachillerato en el mismo lugar en que nació, la Academia España de Gijón que dirigía su padre, y en el Instituto Jovellanos. Desde muy joven recibió clases del filósofo anarquista José Luis García Rúa y en la adolescencia inició su militancia en el Partido Comunista de Asturias.
Licenciado en medicina por la Universidad de Salamanca en 1971 y doctor en medicina por la de Sevilla en 1980 con una tesis sobre la izquierda freudiana, inició su trabajo en 1972 como médico residente en el Hospital Psiquiátrico de Oviedo. Participó allí en un movimiento antipsiquiátrico que promovió la transformación de la asistencia de los enfermos mentales, lo que provocó una dura represión del gobierno franquista y el despido de la mayoría de médicos de ese centro. Tras realizar, como represaliado, el servicio militar en la isla de La Gomera, continuó participando en los movimientos de renovación psiquiátrica en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos y en el Hospital Provincial de Gerona.
Trabaja desde 1980 en Asturias como psiquiatra del Insalud. Entre 1980 y 1989 fue profesor asociado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo. En 1989 se incorporó como profesor tutor de Psicopatología en el centro asociado de la UNED de Gijón. Ha sido impulsor de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, a cuya directiva ha pertenecido.
Tiene publicaciones en una docena de libros en diversas editoriales españolas y casi una centena de artículos en distintas revistas. Por algunos de esos trabajos ha sido premiado por la Real Academia Española de Medicina (en 1982) y por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (en 1983). A principios de los años noventa, tras haber estado cierto tiempo apartado de la actividad política, participó en los grupos antimilitaristas que promovían la insumisión y volvió a colaborar con colectivos y medios de comunicación de izquierda. Escribe regularmente en el periódico asturiano La Nueva España.
Una de sus publicaciones más conocidas, Egolatría, que en su día fue reseñada por Santiago Alba puede verse en el apartado Libros-libres de rebelión.

Si me permite, déjeme iniciar la conversación con algunas definiciones, con algunas delimita-ciones conceptuales. ¿Qué tipo de enfermedades mentales trata la psiquiatría?

En alguna ocasión he manejado la metáfora de la psiquiatría como Coche Escoba de la medicina social, como práctica de cuidados que recoge todos los malestares que no caben en las categorías científico-naturales de la medicina o los recursos sociales. La medicina ofrece demagógicamente una definición de salud como “un estado de bienestar y realización físico–psíquica” para toda la población. Como es obvio que vivimos en una sociedad llena de sufrimiento y malestar no repara-bles por tratamientos médicos ni ayudas sociales, cuando un dolor o una queja no tiene un substrato anatómico clínico demostrable o es imposible de encuadrar en las pedagogías sociales se le etiqueta como enfermedad psiquiátrica y se le trata con ansiolíticos y antidepresivos que efectivamente acallan el dolor. Todo ello para no confesar la impotencia del llamado estado del bienestar para ofrecer una vida buena. El niño no educable en la escuela acaba en el psiquiatra. El ama de casa quejica de dolores a los que no se le encuentra causa física el psiquiatra la etiqueta de somatizadora y le da ansiolíticos. El comercial que no duerme y abusa del alcohol de nuevo ansiolíticos. Todo con tal de no cuestionar la escuela, el hogar o el comercio como focos de alienación y mala vida que hay que transformar o destruir.
De ahí que la practica psiquiátrica sea una práctica muy pretenciosa: ofrece mejoras para toda clase de males y desde luego promesas que luego no puede cumplir. Como el Bálsamo de Fierabrás los psiquiatras ofrecen remedios para toda clase de situaciones: dirección del duelo para las catástrofes o la muerte de algún ser querido, enfrentamiento al estrés laboral, dolor de enfermedades reales pero de causa desconocida como la esquizofrenia o los trastornos afectivos. Todo acaba en un totum revolutum llamado psiquiatrización de la vida cotidiana. De ahí que la sala de espera de un psiquia-tra sea un lugar singular donde coexisten desde malestares banales secundarios a la vida cotidiana con los sufrimientos más atroces de las psicosis o las grandes depresiones que terminan en el suici-dio. Para todos tiene el psiquiatra una palabra como un cura o una pastilla como un médico o una rehabilitación como un masajista.

¿Y qué relación, si existiera, observa usted entre la psiquiatría y la psicología?

Los dos gremios compiten en ofrecer remedios que psiquiatrizan o psicologizan la vida cotidiana Ambas profesiones se proponen como remedios para todos esos malestares que van del nacimiento a la muerte. La gente ha sido desposeída de sus saberes comunes para criar hijos, para el sexo, para envejecer, para luchar contra la explotación laboral y necesita técnicos que provistos de saberes psi le enseñen a vivir. Psicopedagogos para criar hijos sanos mentalmente, sexólogos para concebirlos, psicólogos para hacer duelo por la muerte de los deudos, gerontopsicólogos para envejecer saluda-blemente y neuropsiquiatras contra el mobbing.
Los psicólogos limitan ese enseñar a vivir, limitan estas curas de la vida a palabras y los psiquiatras ofrecen además pastillas que hacen distanciarse a los sujetos de la situación invisible y con ello a tolerar mejor el dolor vital. Ambos ofrecen lo que no pueden dar: remedios técnicos para resolver sufrimientos sin romper los marcos de la situación que genera esos dolores y que no son otros que individualismo o el mercado. La lucha por atender a las poblaciones emergentes que buscan amo psiquiatrizador entre ambos gremios es patética por parte de los psicólogos que piden intervenir en los centros de salud con argumentos muy cercanos a la antipsiquaitría de los años 70 –la enferme-dad mental no es una enfermedad como las otras afirman con justicia- pero afirmando que es el gremio psicológico con sus variadas escuelas y no las redes populares quien pueden romper esa malaria urbana que hoy constituyen las quejas encuadrables en lo psicológico o psiquiátrico.

Entonces, psiquiatrizar y psicologizar son, según usted, tareas muy próximas.

Efectivamente. En el sentido señalado de psiquiatrizar y de psicologizar, son tareas similares. No se trata de sustituir una práctica psiquiátrica por una psicológica sino de salirse de ambas redes que limitan los análisis y soluciones populares al egoísmo y al cálculo afectivo que hoy domina la ideología popular y que psiquiatras y psicólogos refuerzan como aparatos del estado que son. Ante un duelo o un despido ambos discursos recurren a metáforas economistas para formular sus trata-mientos: desinvertir afectos del muerto o el trabajo perdido, volver a invertirlos. Cualquier situación se enmarca por ambos gremios en las oscuras aguas del calculo egoísta que decía Marx. No conozco a nadie que haya ido al psicólogo y le haya preescrito la lucha solidaria contra sus males sino cuidar de sí en el marco intimista. Nadie que no haya ido y no le hayan dicho que él no puede arreglar el mundo ni tiene culpa de sus desarreglos y que se afane al carpe diem. De hecho leer un manual de autocuidado es una incitación al egoísmo y muchos de los manuales para mujeres una auténtica agresión a sentimientos altruistas: aprender a decir no, no amar demasiado, calcular bien el intercambio afectivo para no salir defraudadas. En fin, una especie de buen inversor no sólo en la bolsa sino en la casa o la cama .
Depsiquiatrizar o despsicologizar la vida cotidiana supone recuperar un saber común que antes tenía la mayoría de la gente para gestionar las situaciones de sufrimiento o conflicto sin recurrir a unos técnicas psi o una pastillas con dudosa o excesiva eficacia (las pastillas psiquiátricas son a veces demasiado eficaces y permiten tolerar situaciones intolerables adormeciendo los sentimientos que permiten cambiarlas). Para escuchar penas o aconsejar con prudencia cualquiera de nuestro entorno sirve menos un profesional psi que no comparte valores ni sentimientos y por ello los enmarcara en sistemas ideológicos de la escuela a la que pertenezca.

¿La tradición psicoanalítica ha dejado su huella en la psiquiatría actual?

La psiquiatría actual está dominada por clasificaciones procedentes de la muy poderosa Asociación de Psiquiatras Americanos. Hace una década impusieron una clasificación de las enfermedades mentales llamada DSM III que excluyó cualquier termino psicoanalítico como neurosis o histeria. Se pretendió con ello una clasificación empírica y ateórica de los trastornos mentales que supuso en la práctica el que los psiquiatras dejasen de pensar o interpretar la relación de los síntomas psiquiá-tricos con la biografía de sus pacientes, para buscar signos objetivos de enfermedades y tratar las enfermedades con protocolos de consenso logrados por votaciones democráticas en los congresos psiquiátricos. Una de las relaciones freudianas más tradicionales “las neurosis son inversiones de las perversiones sexuales” desaparece de la DSMIII no por ningún debate teórico sino cuando en esas votaciones desaparece la perversión como categoría gnoseológica sin más explicaciones que el éxito del colectivo gay en lograr votos .
En el fondo la DSMIII nació por la impotencia de la psiquiatría o la psicología para diagnosticar con precisión. Unos investigadores fueron ingresados como enfermos y los psiquiatras fueron inca-paces de detectar la simulación. El horror de los años 70 en la academia psiquiátrica es que, al no poder identificar simuladores o no ponerse de acuerdo en las peritaciones ante los juzgados para bajas laborales, la administración excluyese a lo psiquiátrico del campo médico o del pago de las muy poderosas compañías de seguro americanas. De hecho algunas definiciones en la DSM depen-den de un pacto con esas compañías para que no empiecen a pagar seguros médicos a los esquizo-frénicos antes de 6 meses que se exige para el diagnóstico de esta enfermedad. La voluntad de ser empíricos y ateóricos barrió toda la “epistemología de la sospecha” que Freud había introducido pa-ra interpretar los síntomas psiquiátricos y dar sentido a la enfermedad, para relacionar el sufrimiento psiquiátrico con los poderes familiares que escribían la versión canónica y falsa de la infancia.
Hoy los síntomas psicológicos -nuestras angustias o depresiones- son una especie de equivalentes de unos trastornos de los neurotrasmisores que aunque nadie pueda medir se suponen modificables con psicofármacos o terapias. De ahí que Freud sea hoy un completo desconocido para las nuevas generaciones de psiquiatras.
Y eso para no hablar de la izquierda freudiana que dio importantes materiales para las revueltas contra el manicomio y la institución total de los años 70 y las resistencias antiautoritarias al familia-rismo. Lo psicoanalítico ha quedado por ello como una escuela con escasa aplicación en la clínica real en parte por sus propios errores sobre la centralidad del dinero de la cura tipo (Freud afirmó que si el enfermo no paga dinero al terapeuta es poco probable que se cure y casi seguro que no aban-donará su terapia). La aplicación literal de esa relación de medicina liberal de pago por acto médico impidió al psicoanálisis implicarse en un modelo social en donde integrarse. Finalmente la regresión de los psi que renuncian a formarse con la profundidad y el trabajo que exige aprender psicoanálisis terminan de ensombrecer el futuro de las prácticas psicoanalíticas.
Los americanos dicen que el psicoanálisis es otra de las rarezas de París y el número de pacientes tratados por analistas no llega ni al uno por mil de la población psiquiatrizada en nuestro mundo.

¿Qué significó aquella rebelión antipsiquiátrica de los años sesenta y setenta al que usted hacía referencia? Estoy pensando en Coopper, en Bassaglia,…

El movimiento de Psiquiatría Democrática que encabezó Bassaglia representó la voluntad de dar la vuelta al sofisma del manicomio que eludía el análisis del encierro en la génesis de la gran locura. Lo mismo que en los zoológicos se produce una conducta animal que no es la real, en el manicomio se producía lo que Bassaglia llamaba el Doble de la Enfermedad Mental. El manicomio producía una locura que no era la de los pacientes sino la producida por el estigma y la profecía autocumplida de la psiquiatría de la época que describía la locura como peligrosa e irrecuperable. De ahí que todo el saber producido por la observación de locos encerrados, es decir, toda la psicopatología clásica era un seudo saber parecido al de la zoología del parque de fieras. Categorías psiquiátricas centrales como la esquizofrenia catatónica desaparecieron de los libros cuando desaparece el encierro mani-comial.
Yo trabajé en un manicomio cercano a Madrid donde los pacientes estaban internados y diagnosticados en pabellones sintomáticos. Había pabellones de violentos, incontinentes, crónicos cerrados, abiertos, etc. Por un derrumbe tuvimos que repartir los internados del pabellón de violen-tos por el resto del manicomio y la conducta violenta dejó de producirse en los enfermos que pade-cían la violencia. La violencia no era por ello algo producido por el cerebro o la enfermedad de los pacientes sino creada por la institución que los cronificaba.
Del manicomio, el análisis bassagliano se extendió a otras instituciones totales como el ejército, las fábricas, los internados estudiantiles y fue muy productivo para las revueltas de mayo 68. De repen-te las masas en las fábricas descubrieron que el sufrimiento laboral no tenía que ver con su trabajo real o la producción, sino con las disciplinas que imponían gerentes y capataces. Los movimientos de la Autonomía Obrera italiana deben mucho a ese análisis postbassagliano en el que la fábrica se parece al manicomio o el cuartel, en falsificar las vidas de sus internados y en crear una vida doble de la real-posible. Destruir los muros de esas instituciones fue la bella consigna que saltó de los manicomios a las cárceles, las fábricas o los cuarteles. La esperanza de destruir ese archipiélago de instituciones que limitaban la vida fue el último fantasma de la libertad que yo conocí.

En cuanto a Coopper

Coopper y Laing hicieron unos análisis más microsociales de la familia como institución generado-ra de patología mental codificando figuras como los padres esquizofrenógenos o las teorías del doble vínculo como substrato de la comunicación autoritaria y enloquecedora que quebraba la identidad del sujeto casi desde el nacimiento .
De nuevo la locura era prefabricada desde la irracionalidad de la autoridad familiar. Cuando se falsifica la percepción de las necesidades infantiles y una madre afirma saber que su hijo tiene sueño y debe irse a la cama aunque el niño diga no tener sueño se esta iniciando ese proceso de pérdida de saber íntimo que en su extremo crea locura (la autoridad y la orden de vete a la cama se enmascara en cumplir las falsas necesidades del niño como el mercado satisfará todas las falsas necesidades del adulto). El discurso del padre aparece en esos análisis como el eco directo de la voz del amo estatal, mientras la madre es una figura más enloquecedora por su papel ambivalente entre la incitación a la sumisión y las fantasías utópicas. Estos análisis fueron muy productivos para el pensamiento antiautoritario y antifamiliar con propuestas de comunidades terapéuticas sin terapeu-tas y en desenmascarar todas las trampas que el lenguaje normal forjado en la intimidad crea en la enajenación cotidiana. Gestionar la enseñanza de los sentimientos correctos, de cómo se debe que-rer que constituía una función familiar central, saltó por los aires en esos años gracias a los análisis de Laing.
La derrota de todo ese movimiento es hoy más que evidente, cuando las familias de enfermos tienen un poder grande y piden tratamientos obligatorios o cerrados para sus hijos y en la práctica están logrando la vuelta a unas disciplinas panópticas cercanas a neo-manicomios y al uso masivo de psicofármacos inyectables quincenalmente como profilaxis de cualquier conducta violenta. Cada vez que hay un acto violento de un paciente psíquico el clamor por el encierro no cesa y las maldi-ciones contra la antipsiquiatria tampoco.
Afirmar que aquello no fue un sueño y que efectivamente luchar contra el manicomio fue luchar contra el orden o el familiarismo es hoy, más que un ejercicio de memoria, una afirmación de la esperanza en rebrotes de la razón tras su eclipse.

En las enfermedades mentales, ¿la herencia genética es determinante? ¿Influye, de qué forma, el ambiente social, la estructura familiar? ¿Depende de las enfermedades?

Los conceptos de enfermedad mental están mal definidos y por ello es difícil de contestar a la pregunta de las influencias del ambiente o los genes. En los grandes síndromes bipolares y esquizo-frénicos la herencia parece indudable pero es la herencia de una vulnerabilidad que no se parece al modelo del despertador biológico preparado para que surja la enfermedad a la llegada a la pubertad.
El brote psicótico y las fases maniacodepresivas precisan de un desencadenante y una vez desenca-denada su evolución depende de cómo se trate y se prevengan las recaídas. Si se la medicaliza en extremo o se la encuadra en profecía auto cumplida -la locura nunca cura- se transforma en un proceso invalidante que hace sujetos dependientes de por vida, que necesitan según los protocolos actuales vigilancia y control perenne sin ninguna posibilidad real de alta médica. Médicos y fami-lias coinciden que ante el riesgo de recaída es preferible tratamientos perennes.
Por el contrario que se limite el tratamiento y el pronóstico positivo a episodios psicóticos con perspectivas de cura, permite vidas en libertad que gestionen con prudencia ese riesgo indudable de recaída que los genes provocan. Gestionar ese riesgo desde lo autoritario y la profilaxis del “por si acaso recae que tome neurolépticos de por vida” o aceptar el riesgo ”sin medicar por si acaso” defi-ne hoy las posturas neomanicomiales o libertarias frente a las grandes psicosis .
El resto de los trastornos psíquicos -depresiones, angustias, trastornos de personalidad, malestares por estrés- son falsas enfermedades que se etiquetan como tales para individualizar sujetos frági-les para que puedan ser tratados con técnicas que no pongan en cuestión el papel desencadenante de la mala vida urbana que está en la base de sus sufrimientos. Ni el trabajo como lo conocemos, ni las casas de vecinos que articulan nuestras ciudades, ni las familias realmente existentes sobrevivirían sin la toma masiva de ansiolíticos que permiten dormir, levantarse y aguantarnos unos a otros en esa especie de cloaca sobrepoblada en que vivimos. Los procesos de etiquetado y psicologización de esos malestares que permiten sean vividos en privado y no se colectivicen completan el papel apaciguador y distanciador que permiten las categorías psiquiatrizantes y los psicofármacos.

A finales de 2008 el New York Times informaba que más de la mitad de los 28 especialistas encargados de preparar la próxima edición, prevista para 2012, del DSM-IV-TR: Mental Disorders. Diagnosis, Etiology & Treatment, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales por excelencia, mantiene algún lazo con empresas farmacéuticas. Ya en 2006, investigadores de la Universidad de Tufts denunciaron que el 56% de los encargados de revisar el DSM habían tenido al menos un nexo monetario con un laboratorio entre 1998 y 2004. El porcentaje era aún mayor entre los expertos que trabajaban en enfermedades mentales más graves; la esquizofrenia por ejemplo. Concretamente, según el NYT, uno de los psiquiatras firmantes del DSM había ejercido de consultor de trece laboratorios diferentes en los últimos cinco años (entre ellos, algunos de poder tan inmenso, y casi inabarcable, como Wyeth y Pfizer). ¿Es así? Una situación de dependencia o subordinación de este orden, ¿puede alcanzar esta dimensión? ¿También en España?

Un ansiolítico –el lorazepan, propiedad de uno de los dos laboratorios que mencionas– es el fármaco más vendido en España por encima de la aspirina o los analgésicos En general en apenas 20 años los psicofármacos han pasado de ser algo marginal en las ganancias de los monopolios farmacéuticos a ser sus productos estrella y ello sin que se haya producido ningún descubrimiento importante en sus laboratorios. Los trastornos psiquiátricos se diagnostican como en la medicina del siglo diecinueve por la escucha de los síntomas de los usuarios y no por ningún mediador interno sobre el que podamos medir la eficacia de los fármacos para aliviarlos como en el resto de la medicina del siglo XX. Frente al antidiabético que para ser mas eficaz que el anteriormente comercializado y vendido, debe normalizar las cifras de azúcar de cada enfermo que lo usa, los psicofármacos solo deben hacer ver o escuchar que el paciente dice encontrarse un poco mejor que con la anterior pastilla sin modificar ningún marcador material de mejoría. Obviamente ese carácter no objetivo es el sueño de cualquier mercader que quiera vender pastillas que como las diferentes marcas de coches sean un poco mejor que los de la competencia.
Los antiguos antidepresivos o neurolépticos son igual de eficaces que los nuevos para atenuar los síntomas de enfermedad como a duras penas tienen que reconocer sus fabricantes. Varían solo en que producen menos efectos secundarios: el Prozac (del otro laboratorio del que hablas) se empezó a recetar a miles de enfermos en América no porque fuese un antidepresivo más eficaz que el ana-franil sino porque no engordaba o secaba la boca como sí hacía este. Pero su valor económico pasó a multiplicarse por miles de euros.
Un psicofármaco contemporáneo para el tratamiento de la esquizofrenia suele costar más de 100 euros y a veces más de 200 al mes frente al haloperidol igual de eficaz que puede costar 2 euros aunque produzca más efectos secundarios .
El uso de psicofármacos es además un mercado cautivo y un psicótico un cliente seguro desde los 20 años hasta la muerte si se siguen lo consensos dominantes hoy en psiquiatría. Como decía, al ser fármacos que a diferencia del que trata la anemia no tiene que demostrar su eficacia en protocolos rigurosos, sino en la observación del medico que lo trata y rellena cuestionarios, son tremendamente sensibles a la propaganda y la influencia del recetador que decide la mejoría o empeoramiento de acuerdo con su ojo clínico por desgracia tremendamente sensible al los reclamos de los laboratorios farmacéuticos que gastan cifras millonarias en manipular a los psiquiatras como intermediarios de ese mercado.
Todo ello define un merado especial: enormes ganancias, no objetividad del producto, dependencia del fármaco elegido de la decisión del psiquiatra. Por ello la propaganda sobre el psiquiatra que los prescribe determina unas relaciones profesionales mercantilizadas de las que casi nunca se habla entre los profesionales que se aprovechan de las migajas del sistema.
No hay un solo congreso psiquiátrico en la que sus asistentes se paguen inscripción o viajes sin el apoyo de la industria farmacéutica, industria que sin presionar directamente sobre los psiquiatras (en mi experiencia es raro el “recétame y te pago el viaje a América”) obviamente genera unos mecanismos de agradecimiento que hace una rareza los antiguas reuniones de psiquiatras críticos o contraculturales. Los congresos de las asociaciones de psiquiatría, en teoría de izquierda, son en ese sentido tan dependientes de la industria farmacéutica como las de la derecha y sus congresos tienen el mismo estilo de grandes hoteles y banquetes en restaurantes caros, antaño reservado a los manda-rines de la medicina.

Cambio de tercio. Usted ha señalado recientemente que el hecho de que el 30% de la población obrera asturiana afectada por reconversiones acuda hoy a los Centros de Salud Mental ejemplifica un desastre: “el viejo orgullo del proletariado que “sabia quién era” está siendo substituido por personalidades pasivo dependientes que buscan en los ‘psi’ tutela, pastillas y consejos para reconducir su vida según un régimen de servidumbre voluntaria”. ¿Por qué habla usted de servidumbre voluntaria? ¿Qué podrían hacer entonces los trabajadores/as afectados?

Si me permitís la pequeña grosería, lo que buscan en salud mental los trabajadores agobiados se parece al que para buscarse amores se va de putas. Ante el horror real de la vida cotidiana, todo el mundo sufre y necesita que alguien le escuche, afecto, consejos prudentes o incluso mimos que alivien el horror económico. Buscarlo en un profesional que cobra del estado por esos menesteres, y no comparte las realidades del trabajo o el barrio o puede tener unos valores tan opuestos al consul-tante como ser del opus dei (una de mis pacientes dejo de ir al psiquiatra después de dos años, cuando supo que su terapeuta no estaba en consulta por ir de cacería) parece una confusión vital más que como aquel borracho busca la llave, no donde la ha perdido, sino donde el ayuntamiento ilumina.
Frente a esa ayuda profesionalizada que coloniza la vida desde un saber poco creíble (hay multitud de escuelas psi), el pueblo debería colectivizar su dolor y acumular valor para mirar de frente lo que oferta la vida en el mercado, sin edulcorarlo con la falsa promesa de que cuando la cosa vaya mal algún psi de la “seguridad social” me ayudará aunque yo no tenga redes solidarias en que apoyarme.
Aprender que el malestar no depende de su psique individual sino de las relaciones de explotación y sumisión, al imaginario de deseos que nos hace vivir por encima de nuestras posibilidades con modelos de clase media es la amarga verdad que la población trabajadora se niega a ver. Saber que si me encierro en el egoísmo y la búsqueda de salvación en el intimismo cuando esa vida íntima se me derrumba y, por ejemplo, se muere mi objeto amoroso o pierdo el trabajo, ningún profesional me puede ayudar realmente porque ningún profesional puede sentir conmigo a sueldo, puede ser un primer paso en esa renuncia a las falsas promesas. Solo desde las viejas solidaridades, de hablar cada mañana con los compañeros y salir a tomar sidra o vino tras el trabajo para maldecir al patrón o comentar los azares de San mercado con la esperanza que algún día todo ese sistema caiga, fue vivible una cotidianidad tan dura como la del trabajador fabril tradicional. Sólo lo acogedor del barrio, de los lugares donde uno está entre los suyos, sólo los vínculos con los compañeros y sus familias y una forma de vida en lo común permiten escapar a las miserias del individualismo o disminuir diluyéndolas en lo colectivo las penas cuando la tragedia nos alcanza.
Si cada uno va de su casa al trabajo, se encierra en el familiarismo y en los grupos de aficiones comunes, está condenado a tener un alto riesgo de terminar en el psiquiatra como el que acude al lupanar a buscar amores profesionales.

El precariado en el que vive una gran parte de los trabajadores españoles, autóctonos o no, ¿está afectando a su salud mental? ¿Hay cifras al respecto? Se habla de una epidemia de depresiones que afecta al 30% de la población y hay barriadas obreras donde es más normal haber pasado por las consultas de salud mental que no haber necesitado ayuda psiquiátrica a lo largo de la vida.

La miseria subjetiva que la vida en precario crea es la imposibilidad de crear esos vínculos serenos de los que hablaba más arriba para describir la cotidianidad de la clase obrera tradicional. Un niño tiene un vínculo sereno cuando puede jugar en el parque sin mirar continuamente a su madre porque sabe que ella va estar a allí cuando se caiga. Uno puede arriesgarse en la vida y ser un activista social si sabe que tiene una red social amplia que cuando la desgracia le alcance va a tener solida-ridades múltiples. Esos lazos solidarios, esos vínculos serenos necesitan tiempo y tradiciones de identidad. Desde el colegio los antiguos trabajadores codificaban sus gustos y sus maneras al imaginario de clase que los protegía y los endurecía del mundo hostil de los señoritos: sabían que los melindres o la depresión no eran para ellos, que al tajo se iba a sufrir pero que la vida podía permitirles devolver golpes a ese mundo de la burguesia si permanecían juntos. Sin tiempo para estar juntos y sin coger a cita que las viejas tradiciones obreras les proporcionan los precarios están perdidos: ni identidad colectiva, ni defensas de clase les protegen. La ideología del Pícaro, la vieja astucia del lazarillo para burlar y sacar las ventajas que puede parece ser la tendencia subjetiva preferente en el precariado que corre como puede entre amos desalmados buscando cobrar del paro o las bajas médicas es lo que se ve de nuevo desde las consultas de salud mental.
El termino depresión es un cajón de sastre que quiere decir malvivir o incapacidad de autogestio-nar la vida sin ayudas profesionales. Afecta a sectores de población más colonizadas por el intimis-mo: mujeres, precarios sin redes sociales sólidas, viejos sin compañía que las han perdido, jóvenes renegados de su clase y aspirantes a trepar socialmente. Frente a ellos la vulnerabilidad a la depre-sión se invierte cuando el tiempo de trabajo o la organización de actividades crea grupos con identidades solidarias que se suponen pueden durar toda la vida. Frente al voluntariado social que crea grupos ligeros que llama H. Bejar de malos samaritanos, los viejos sindicatos, los grupos comunistas, las comunidades religiosas, creaban vínculos e identidades sólidas que endurecían y “empoderaban” (hacían sentirse dueños de sí) a sus miembros frente a las crisis vitales que el propio tiempo genera. Se decía aquello de un comunista nunca está solo porque suponía que cualquier trabajador podía ser su amigo y que las edades del hombre -juventud, madurez, vejez- tenían unos rituales tan cercanos a lo religioso que hacía que incluso la muerte fuese aceptada como un pasar la cita con la historia a las generaciones venideras. Si esa identidad se licua y el precariado no permite enlazar la vida individual con esos colectivos y esas tradiciones la cotidianidad se convierte en ese cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota que fácilmente busca sentido-consuelo en el psi. A ese sesgo cognitivo de buscar ayuda fuera de los iguales, en los expertos en la técnica es lo que llamo proceso de servidumbre voluntaria que ni siquiera es consecuente con la ideología egoísta que ha elegido y que enlaza con el prototipo de Lázaro de Tormes que he propuesto líneas arriba.

¿Cómo cree usted que está afectando la actual crisis, esta crisis cuyo fondo no acabamos de entrever, a las gentes trabajadoras? Las amenazas de despidos, de cierres patronales, de recon-versiones, ¿taladran su conciencia?

La crisis continua un proceso de contrarrevolución que aumenta la egolatría del sálvese quien pueda y la cobardía colectiva para pelear por un mundo radicalmente otro. Todas las crisis sociales son oportunidades para cambiar la historia. En esta que nos ha tocado, las clases populares van a salir más desestructuradas y derrotadas de lo que entraron: perderán la batalla sin ni siquiera haber pelea-do. Viejas palabras como ocupación de fábricas, autogestión, nacionalizaciones son fósiles lingüís-ticos para unos colectivos sindicales que como en el chiste sólo piden a sus señores quedarse como están . Se parece por ello esta derrota obrera a esos experimentos de Indefensión Aprendida en que los animales de experimentación sometidos a castigos en una piscina se dejan morir cuando aún tie-nen energías objetivas para pelear. El dolor colectivo y la ansiedad producida por el riesgo de neo-pobreza está como las malas salsas sin ligar por ninguna organización que le dé forma y salidas colectivas. De continuar la tendencia actual las capas populares saldrán subjetiva y objetivamente más maltrechas de lo que entraron y a mi juicio se acentuarán tendencias reaccionarias que difícil-mente imaginamos desplazando la rabia contra los emigrantes y no contra los poderosos. De cual-quier forma la historia no está nunca escrita del todo y como escribió Brecht en su imprescindible “Oda a la dialéctica” los derrotados de hoy son los vencedores del mañana. Pero para ello, quizás perder la esperanza de buena vida en el mercado o en los bienestares de la psicologización es un paso imprescindible para salir de esa indefensión y decidirse a pelear con las fuerzas que aún quedan.

¿Qué puede hacer un psicólogo, un psiquiatra ante la desesperación de estas personas trabajadoras? ¿Decirles que hagan la revolución

Puede tratar de encuadrar ese sufrimiento subjetivo en lo impersonal, impidiendo el proceso de individuación o de culpabilización que añade miseria psicológica a la económico-social. Saber que el paro toca como “la lotería al revés” tranquiliza a quién busca causas y remedios psicológicos de su malvivir en su biografía preguntándose qué hice mal. Tratar de crear vínculos no profesionales entre parados, entre personas con sufrimientos etiquetados de depresivo-ansiosos y dar formas de interpretar la angustia-depresión en un marco colectivo que busque agrupar seudoenfermos en redes de apoyo y consumo paralelo pueden ser sugeridas desde las consultas.
Los fundadores de Alcohólicos Anónimos persistieron en beber mientras iban de psicólogo en psiquiatra por todo el mundo. Dejaron de beber y crearon la red de autoayuda más potente del planeta, cuando tomaron conciencia que en la ayuda mutua se podían crear las redes y técnicas que evitan beber. Siempre me ha parecido un ejemplo a seguir .
El movimiento feminista tiene experiencias similares: las de Boston lograron reapropiarse de unos cuerpos mutilados por la ginecología. Tener valor para pensar y actuar desde la experiencia acumu-lada puede lograrse desde la confesión de impotencia profesional de los psicólogos o psiquiatras si tuviesen honradez para autoevaluar realmente su practica real tan poco eficaz en aliviar el dolor subjetivo.

Usted ha afirmado que “bajo rótulos psicoterapéuticos, determinados aparatos burocráticos constituyen dispositivos de producción de identidades destinados a individualizar el sufrimiento producido por la crisis y evitando así cualquier estrategia colectiva”. ¿Es una estrategia cons-ciente en su opinión? ¿Es una subordinación a los intereses del capital?

Uno de los rasgos centrales del nuevo espíritu del capitalismo es que no necesita conciencia o ideología dominante para imponer su dictado: con que se consuma y se sometan las poblaciones al régimen de necesidades que la propaganda crea… A los grandes monopolios no le importa el pensa-miento de la gente.
En ese sentido la psicologización no es una práctica consciente del capitalismo porque no la necesi-ta. Simplemente con que el pueblo se encierre en su casa, su pareja y olvide las viejas identidades basadas en grupos naturales, la victoria de san mercado está asegurada. Si no hay un Nosotros desde el que vivir y el yo sucesivo es el único punto desde el que se reflexiona el capitalismo puede dejar flotar a esos individuos y que escojan cualquier ideología que no recree esos vínculos. Precisamente el anticlericalismo de los postmodernos atufa a ese deseo de liquidar incluso la ideología comunitaria que en tiempos les sirvió y que en lo que tiene de Nosotros Identitario les resulta una paradójica resistencia a pesar de lo anticuado de sus protestas.
Quizás al Estado y a los políticos sí les interesa aparentar una eficacia de la que carecen para influir en la vida real de las personas e ideoligar una seguridad social frente a los azares económicos su-ponga un mecanismo de evitar el desinterés de la población sobre lo político. Afirmar que al menos el estado puede dar escuela y centros de salud desde la izquierda puede ser un mecanismo de fidelizar unas masas ya convencidas de la inanidad del estado para influir en el paro o la vida real.

Salud y mental y relaciones de producción capitalistas, ¿son términos que permiten conciliación en su opinión? ¿El capitalismo, por el contrario, es enemigo de la salud mental de las personas?

Los efectos patológicos del capitalismo sobre la salud mental no nacen de una voluntad maligna que hacía gritar a la Bruja Avería “Viva el Mal. Viva el Capital!” sino de que en su necesidad de multiplicar sus ganancias vendiendo nuevas mercancías precisa crear necesidades continuas en las personas y por ello se transforma en un sistema que necesita producir identidades basadas en una especie de glotonería consumista que no se satisface nunca. ¿Cuánto es bastante? se responde des-de el mercado con un Nunca que genera ansiedad continua en las personas. La sobriedad y la configuración de unos gustos y unas satisfacciones al margen de las seudonecesidades creadas desde la ideología capitalista son el primer paso para adquirir una difícil salud mental siempre cercadas porque algún fetiche ofrecido por la publicidad -tal viaje, tal coche, tal casa- acierte a enlazar con alguna perversión propia y nos haga vender la vida para cambiarla por dinero para comprar esos productos dotados del encanto mágico de la mercancía que adquiere lo interiorizado como deseo. El sujeto tal como lo conocemos es tan voraz y tan maldotado de Hibris de falta de freno a sus ansias, que precisa un sistema muy racional para contenerse .
Vivir sobrios y ser un poco mojigatos me parece un consejo prudente en estos tiempos de exhorta-ción a liberar el deseo o atreverse a todo como signo de salud mental. Reprimirse frente a la desu-blimacion represiva de la que nos hablaba Marcuse como característica del postcapitalismo es una reflexión necesaria a pesar de que suene a pensamiento reaccionario.

También usted ha afirmado que los estudios de epidemiología psiquiátrica señalan a que la conciencia de clase, el capital social, es un remedio “que atempera la vulnerabilidad y aumenta la resistencia frente a la depresión por estrés laboral”. ¿Por qué? ¿Cómo actúa positivamente “el grado de reciprocidad y confianza en las relaciones formales e informales entre personas, que facilita la acción colectiva en búsqueda de beneficio mutuo”? Recordaba usted que un impecable estudio finlandés sobre 35.000 trabajadores mostró ese capital social como mejor preeditor de riesgo-protección para superar la crisis.

Se ignora a veces que los estudios de Elton Mayo que dieron cobertura a la ideología taylorista que liquidó la cultura de clase en las grandes industrias americanas es el estudio de un psicoanalista que reconvierte cualquier queja contra el capataz o el patrón en proyecciones de una mala imagen fami-liar. Sus largas entrevistas a las obreras de General Electric tiene un formato psicodinámico donde afirma que tras el odio de clase se trasluce los fantasmas edípicos de odio al padre. Es decir, el malestar en la fábrica sería un rencor vertido en la fábrica pero construido en lo familiar. Convertir a cada gerente en un psicólogo fue la receta que tanto éxito dio a la productividad taylorista: “tras cada demagogo hay un neurótico” fue la fórmula que permitió el tratamiento individualizado del malestar obrero etiquetado de resentimiento.
Los psicólogos de empresa buscan por ello identificar a esos sujetos inadaptados para desactivar cualquier colectivización o protesta que sume malestares, para tratar individuo a individuo esa “proyección” del sufrimiento intimo que se vierte en la fábrica.
Unos pocos estudios analizan los colectivos activando su memoria colectiva, analizando lo que hay de común en las humillaciones de la cadena cuando hay que pedir permiso para ir a mear o cambiar-se el támpax con independencia de la personalidad o la historia individual. En esa memoria grupal se descubre lo poco individualizada que es la neurosis del trabajador que vive como fatiga y daño físico-psíquico la reducción de su vida a tiempo de trabajo. Se puede incluso medir como aumentan los consumos de alcohol o las rupturas de pareja en relación a crisis laborales.
La miseria de las organizaciones sindicales se puede visualizar en su incapacidad para articular esos estudios que posibilitarían un relato colectivo del daño laboral sin reducirlo al esquema de estrés y laboral productos de depresión-ansiedad en función de la vulnerabilidad personal.
La cultura psicológica del norte de Europa conserva restos del antiguo pacto social que permitía sustituir la cogestión por medidas sindicales muy ligadas a la base que dejaron una magra cosecha de estudios sobre el papel protector de la asamblea en la higiene mental de los trabajadores frente a los comités de seguridad en el trabajo. En ese sentido los equivalentes empíricos de la conciencia de clase -asistencia a asambleas, participación en comités de salud laboral, construcción de redes amis-tosas desde la fabrica- suministran protección eficaz frente a bajas laborales por depresión- ansiedad.

Apuntaba también usted en una carta al colectivo de Espai Marx que cuando alguien se siente acosado en una empresa su única defensa real son las relaciones horizontales con sus compa-ñeros, con esas relaciones las que le pueden permitir analizar su sufrimiento en términos colectivos y encontrar apoyos reales en ese colectivo. ¿Qué tipo de apoyo puede encontrar un trabajador desesperado entre compañeros no menos desesperados en ocasiones?

La escucha de alguien que vive las propias condiciones laborales ya es terapéutica porque a diferen-cia de la escucha psicológica es una escucha enmarcada y no descontextualizada en la que se comparten valores y se puede actuar sobre la situación real que genera el malestar. De esa escucha siempre nacen formas de micro solidaridades que se traducen en pequeños actos de resistencia y sabotaje a los ritmos laborales o a los abusos de los de arriba. En un taller de calderería cuando entraba el ingeniero comenzaron a caer herramientas desde los andamios a su paso con lo que las visitas se hicieron infrecuentes. Tras algunas cenas navideñas en unos astilleros gijoneses los coches de los encargados aparecieron pintarrajeados. Tras las fiestas de comadres en Gijón las obreras del textil se reafirmaron en no abandonar un encierro que duró años. De esos contactos esporádicos basados en escuchas mutuas, a salir del trabajo y compartir cotidianidad creando esas redes y esos vínculos que permiten construir un Nosotros y unas rutinas comunes no hay mucha distancia y me parece el único manual de supervivencia que conozco frente al individualismo que termina en una especie de narcisismo egotista en la que cualquier pérdida afectiva lleva a la depresión.

Hace muy poco ha fallecido Carlos Castilla del Pino. ¿Qué ha significado Castilla del Pino en la historia reciente de la psiquiatría española?

Perdón por citarme pero he escrito un largo articulo sobre Castilla del que fui buen amigo que podéis reproducir en vuestro portal. En él por decirlo de forma sintética afirmo que mientras su figura era aclamada por la psiquiatría de izquierda durante sus reuniones, la práctica real de esos psiquiatras progresistas se correspondía mejor con la del gran psiquiatra del franquismo López Ibor. Este afirmó como tesis central que “las neurosis eran enfermedades del ánimo que no precisaban psicoterapia sino antidepresivos”. No hay apenas ningún neurótico hoy en España que no reciba dosis medio altas de antidepresivos de acuerdo con esas tesis. Como en tantas cosas el tirano dejo las cosas atadas y bien atadas, y mientras en lo ideológico se alaba a Castilla en la práctica se actúa con las ideas y la lógica del franquismo
Finalmente, hablando una vez más de memoria histórica, un psiquiatra militar, el señor Vallejo Nájera, calificó a los rojos españoles de enfermos mentales. Propuso tratarles como tales y creo que lo consiguió. ¿Era eso saber científico, ideología psiquiátrica, fanatismo envuelto en térmi-nos pseudocientíficos?
Vallejo Nájera fue una fiel expresión de las contradicciones del franquismo. Escribió textos sobre la simulación psiquiátrica que llevaron al paredón a bastantes rojos que trataban de hacerse pasar por locos, escupió sobre los internacionalistas con unos estudios epidemiológicos repugnantes, moralizó a mujeres y niños creando en los años cuarenta unas instituciones de represión llamadas Patronatos de Protección a la Mujer que vigilaban y castigaban las faltas a la moral monjil que el dictador impuso. Para colmo escribió un tratado de psiquiatría basado en la psicología de Santo Tomas de Aquino con apartados sobre la patología de la voluntad y otros disparates similares que fue obligado manual en las facultades de medicina franquistas.
Pero frente a la mayoría de la psiquiatría republicana no se apuntó por motivos religiosos a apoyar la eugenesia de los pacientes mentales que fue el crimen capital de la psiquiatría del siglo que entonces se iniciaba y que muchos de los científicos de izquierda con base en el darwinismo apoya-ron. Lafora, el gran psiquiatra de la República, bien entrados los años cuarenta, aún defendía la esterilización de los pacientes mentales graves. Varios científicos e intelectuales de la Liga para la Reforma Sexual encabezada por Aurora Rodríguez aprobaban el “uso del gas ciclón para eliminar las vidas sin valor”.
En ese sentido yo he mantenido en algunos textos como hay muy poco que oponer a la psiquiatría fascista representada por Vallejo porque enfrente no hay ningún psiquiatra al servicio de la razón liberadora. Había una práctica psiquiátrica republicana defensora del manicomio provincial, una higiene mental basada en la eugenesia terrorífica, el tratamiento del pánico del soldado cercano al frente para reintegrarlos al matadero y un largo horror que hace difícilmente defendible la contra-dicción entre una psiquiatría fascista frente a otra de izquierda. Ambas formaban un totum revolu-tum en que había muy poco de bueno.

Gracias, gracias por su tiempo y por sus generosas y solidarias respuestas.

www.rebelion.org

viernes, 19 de junio de 2009

A sangre fría.


...por Salvador López Arnal

(Junio 2009)



-Gasto en pensiones en Europa (porcentaje sobre el PIB):
· Italia: 15 %
· Austria: 14 %
· Francia: 13 %
· Holanda: 13
· Alemania: 13 %
· Promedio UE: 12%
España: 9%

-Alimentos que contienen o pueden contener transgénicos: sodas, bebidas de cola, productos de pastelería, salsas, bombones, caramelos, chocolate... (contienen azúcar de maíz).
Animales que comemos que han sido alimentados con maíz transgénico: pollo, vaca, conejo, leche, huevos...
Herbicida que contienen las semillas de maíz y soja transgénicos: Roundup, de Monsanto. Efectos contrastados del Roundup en células humanas: directamente las mata. Dosis de peligrosidad: desconocida.
Carácter de los test que se han realizado con ratas: confidenciales.
Científicos que tienen acceso a los datos: menos del 1 por 10.000.
Instituciones que hacen los test: únicamente las propias compañías productoras de transgénicos.

-Porcentaje del presupuesto militar mundial que corresponde a los países de la OTAN:
· En 1985: 45%
· En 1995: 58%
· En 2008: 70%
USA: Caída de la producción industrial entre el último trimestre de 2008 y comienzos de 2009:11%
· Caída de las exportaciones: 22%
· Caída del consumo de bienes durables: 22%
· Caída de bienes no durables: 7%
· Caída del PIB: 3,8%
· Caída del PIB descontando inventarios: más del 5%
· Desempleo en abril de 2009: 8,9%

-Inspección fiscal en España (2008):
· A pequeños contribuyentes: 4 millones
· A grandes capitales: 125.000
Decisión del gobierno español para 2009: Más de 1.000 inspectores dedicados hasta ahora a investigar operaciones superiores a 3 millones de euros se centrarán en el control de pequeños contribuyentes (asalariados, autónomos y Pymes).

www.elviejotopo.com

domingo, 26 de octubre de 2008

La cara antidemocrática del capitalismo, al descubierto.

...por Noam Chomsky

El desarrollo de una campaña presidencial norteamericana simultánea al desenlace de la crisis de los mercados financieros ofrece una de esas ocasiones en que los sistemas político y económico revelan vigorosamente su naturaleza.

Puede que la pasión por la campaña no sea una cosa universalmente compartida, pero casi todo el mundo puede percatarse de la ansiedad desatada por la ejecución hipotecaria de un millón de hogares, así como de la preocupación por los riesgos que corren los puestos de trabajo, los ahorros y la asistencia sanitaria.

Las propuestas iniciales de Bush para lidiar con la crisis apestaban a tal punto a totalitarismo, que no tardaron en ser modificadas. Bajo intensa presión de los lobbies, fueron reformuladas "para claro beneficio de las mayores instituciones del sistema… una forma de deshacerse de los activos sin necesidad de fracasar o casi", según describió el asunto James Rickards, quien negoció en su día, por parte del fondo de cobertura de derivados financieros Long Term Capital Managemen, su rescate federal en 1998, recordándonos ahora, de paso, que estamos pisando vía ya trillada. Los orígenes inmediatos del presente desplome están en el colapso de la burbuja inmobiliaria supervisada por el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien sostuvo la cuitada economía de los años de Bush amalgamando el gasto en consumo fundado en deuda con la toma de préstamos del exterior. Pero las raíces son más profundas. En parte, se hallan en el triunfo de la liberalización financiera de los últimos 30 años, es decir, en las políticas consistentes en liberar a los mercados lo más posible de regulación estatal.

Las medidas tomadas a este respecto, como era predecible, incrementaron la frecuencia y la profundidad de los reveses económicos graves, y ahora estamos ante la amenaza de que se desencadene la peor crisis desde la Gran Depresión.

También resultaba predecible que los reducidos sectores que se hicieron con los enormes beneficios dimanantes de la liberalización llamarían a una intervención masiva del estado, a fin de rescatar a las instituciones financieras colapsadas.

Tal intervencionismo es un rasgo característico del capitalismo de estado, aunque la escala actual es inaudita. Un estudio de los investigadores en economía internacional Winfried Ruigrok y Rob van Tulder encontró hace 15 años que, al menos 20 compañías entre las 100 primeras en el ranquin de la revista Fortune, no habrían sobrevivido si no hubieran sido salvadas por sus respectivos gobiernos, y que muchas, entre las 80 restantes, obtuvieron substanciales ganancias por la vía de pedir a los gobiernos que "socializaran sus pérdidas", como hoy en el rescate financiado por el sufrido contribuyente. Tal intervención pública "ha sido la regla, más que la excepción, en los dos últimos siglos", concluían.

En una sociedad democrática que funcionara, una campaña política tendría que abordar estos asuntos fundamentales, mirar a la raíz de las causas y de los remedios, y proponer los medios a través de los cuales el pueblo que sufre las consecuencias pudiera llegar a ejercer un control efectivo.

El mercado financiero "deprecia el riesgo" y es "sistemáticamente ineficiente", como escribieron hace ya una década los economistas John Eatwell y Lance Taylor, alertando de los peligros gravísimos que entrañaba la liberalización financiera y mostrando los costes en que, por su causa, se había ya incurrido. Además, propusieron soluciones que, huelga decirlo, fueron ignoradas. Un factor de peso es la incapacidad para calcular los costes que recaen sobre quienes no participan en las transacciones. Esas "externalidades" pueden ser enormes. La ignorancia del riesgo sistémico lleva a una aceptación de riesgos mayor de la que se daría en una economía eficiente, y eso incluso adoptando los criterios más estrictos.

La tarea de las instituciones financieras es arriesgarse y, si están bien gestionadas, asegurar que las pérdidas potenciales en que ellas mismas puedan incurrir quedarán cubiertas. El énfasis hay que ponerlo en "ellas mismas". Bajo las normas del capitalismo de estado, no es asunto suyo tomar en cuenta los costes que para otros puedan tener –las "externalidades" de una supervivencia decente— unas prácticas que lleven, como suelen, a crisis financieras.

La liberalización financiera tiene efectos mucho más allá de la economía. Hace bastante tiempo que se comprendió que era un arma poderosa contra la democracia. El movimiento libre de los capitales crea lo que algunos han llamado un "parlamento virtual" de inversores y prestamistas que controlan de cerca los programas gubernamentales y "votan" contra ellos, si los consideran "irracionales", es decir, si son en beneficio del pueblo, y no del poder privado concentrado.

Los inversores y los prestamistas pueden "votar" con la fuga de capitales, con ataques a las divisas y con otros instrumentos que les sirve en bandeja la liberalización financiera. Esa es una de las razones por las que el sistema de Bretton Woods, establecido por los EEUU y la Gran Bretaña tras la II Guerra Mundial, instituyó controles de capitales y reguló el mercado de divisas. (1)

La Gran Depresión y la Guerra pusieron en marcha poderosas corrientes democráticas radicales que iban desde la resistencia antifascista hasta las organizaciones de la clase obrera. Esas presiones hicieron necesario que se toleraran políticas sociales democráticas. El sistema de Bretton Woods fue, en parte, concebido para crear un espacio en el que la acción gubernamental pudiera responder a la voluntad pública ciudadana, es decir, para permitir cierto grado de democracia.

John Maynard Keynes, el negociador británico, consideró como el logro más importante de Bretton Woods el de haber establecido el derecho de los gobiernos a restringir los movimientos de capitales.

Por espectacular contraste, en la fase neoliberal que siguió al desplome del sistema de Bretton Woods en los años 70, el Tesoro estadounidense contempla ahora la libre movilidad de los capitales como un "derecho fundamental", a diferencia, ni que decir tiene, de los pretendidos "derechos" garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos: derecho a la salud, a la educación, al empleo decente, a la seguridad, y otros derechos que las administraciones de Reagan y Bush han displicentemente considerado como "cartas a Santa Claus", "ridículos" o meros "mitos".

En los primeros años, la gente no se hizo mayores problemas con el asunto. Las razones de ello las ha estudiado Barry Eichengreen en su historia, impecablemente académica, del sistema monetario. Allí se explica que, en el siglo XIX, los gobiernos "todavía no estaban politizados por el sufragio universal masculino, el sindicalismo y los partidos obreros parlamentarios". Por consiguiente, los graves costes impuestos por el parlamento virtual podían ser transferidos a la población general.

Pero con la radicalización de la población y de la opinión pública acontecida durante la Gran Depresión y la guerra antifascista, se privó de ese lujo al poder y a la riqueza privados. De aquí que en el sistema de Bretton Woods "los límites a la democracia como fuente de resistencia a las presiones del mercado fueran substituidos por límites a la movilidad del capital".

El obvio corolario es que, tras la desmantelación del sistema de posguerra, la democracia se ha visto restringida. Se ha hecho, por consiguiente, necesario controlar y marginar de algún modo a la población y a la opinión pública, procesos particularmente evidentes en las sociedades más aproadas al mundo de los negocios, como los EEUU. La gestión de las extravagancias electorales por parte de la industria de relaciones públicas constituye una buena ilustración.

"La política es la sombra que la gran empresa proyecta sobre la sociedad", concluyó en su día el más grande filósofo social norteamericano del siglo XX, John Dewey, y así seguirá siendo, mientras el poder resida "en los negocios para beneficio privado a través de un control sobre la banca, sobre el suelo y sobre la industria, un poder que se ve ahora reforzado por el control sobre la prensa, sobre los periodistas y sobre otros medios de publicidad y propaganda".

Los EEUU tienen, en efecto, un sistema de un sólo partido, el partido de los negocios, con dos facciones, republicanos y demócratas. Hay diferencias entre ellos. En su estudio sobre La democracia desigual: la economía política de la nueva Era de la Codicia, Larry Bartels muestra que durante las pasadas seis décadas "los ingresos reales de las familias de clase media crecieron dos veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos, mientras que los ingresos reales de las familias pobres de clase trabajadora crecieron seis veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos".

Esas diferencias se pueden ver también en estas elecciones. Los votantes deberían tenerlas en cuenta, pero sin hacerse ilusiones sobre los partidos políticos, y reconociendo el patrón regular que, durante los últimos siglos, ha venido revelando que la legislación progresista y el bienestar social siempre han sido conquistas de las luchas populares, nunca regalos de los de arriba.

Esas luchas siguen ciclos de éxitos y retrocesos. Han de librarse cada día, no sólo cada cuatro años, y siempre con la mira puesta en la creación de una sociedad genuinamente democrática, capaz de respuesta dondequiera, en las urnas no menos que en el puesto de trabajo.

NOTA: (1) El sistema de Bretton Woods de gestión financiera global fue creado por 730 delegados procedentes de 44 naciones aliadas en la II Guerra Mundial que acudieron a una Conferencia Monetaria y Financiera organizada por la ONU en el hotel Mont Washington en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Bretton Woods, que colapsó en 1971, era el sistema de normas, instituciones y procedimientos que regulaban el sistema monetario internacional y bajo cuyos auspicios se creó el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD, por sus siglas en inglés) –ahora una de las cinco instituciones que componen el Grupo del Banco Mundial— y el Fondo Monetario Internacional, que echaron a andar en 1945.El rasgo principal de Bretton Woods era la obligación de todos los países de adoptar una política monetaria que mantuviera dentro de unos valores fijos la tasa de cambio de su moneda. El sistema colapsó, cuando los EEUU suspendieron la convertibilidad al oro del dólar. Eso creó la insólita situación por la que el dólar llegó a convertirse en la "moneda de reserva" para los otros países que estaban en Bretton Woods.

Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.

Una mirada anarquista de la coyuntura latinoamericana y del gobierno Lula.

...por BL Rocha

La coyuntura latinoamericana es dura como siempre pero no caben alarmismos. Es duro desde Brasil apuntalar una posibilidad de golpe de tipo oligárquico en el país o una intervención directa de los gringos estadounidenses. Los riesgos que corremos son otros. Los pueblos de América Latina están empujando los límites de esa falsa democracia de mercado, donde cada partido que entra tiene que repetir todo lo que la canalla anterior acertó. El imperialismo que opera en América Latina hoy se asocia a los gobiernos que se dicen de “izquierda” y gobiernan por la derecha.

El propio ejemplo de la 4ª Flota de la Marina yankee es que la política del “big stick” (palo largo) sigue. Quieren nuestras reservas de agua, la Amazónia, el patrimonio de la biodiversidad y los hidrominerales. Sofocan la unidad latino-americana, llenando nuestros oídos con las estupideces de las transnacionales que operan telecomunicaciones por satélite y proveedores de internet. Cumpliendo el triste papel de bombero del Imperio está Lula y Bachelet. En Chile, el nivel represivo es mayor. ¡La concertación opera como heredera de los Chicago Boys y hasta hoy prohíbe la mayoría de las marchas y actos callejeros!

Si estos son los bomberos, la punta de lanza del Mando Sur de los gringos está en Colombia gobernada por el narco y paraco Álvaro Uribe y su equipo de paramilitares. Siguiendo de cerca la narco república está el actual gobierno del Perú. Justo en el país donde cupe al anarquismo aproximar las raíces indígenas de la lucha obrera urbana, a través de la obra magíster de González Prada, el presidente Alan García, que tiene en su registro niveles represivos absurdos en la guerra interna de los ’80, busca el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y China.

Es preciso resaltar que existe resistencia, tanto de la insurgencia como de la lucha popular organizada, intentando de todas las formas impedir los TLCs y la militarización de la sociedad en estos países. Reconocemos que el caso brasileño es el más grave y trataremos de eso más adelante. Lo importante es decir que el neoliberalismo perdió en algunos países donde el pueblo se levantó en los últimos diez años e hizo la democracia de mercado insostenible.

El desafío de ir más allá que las urnas y la votación de tipo burgués es el tema de fondo en el Continente. Para el pueblo paraguayo, es el momento de avanzar la organización social, teniendo en cuenta la tarea de romper el TLC y ultrapasar las dulces palabras del obispo Fernando Lugo para con el sub-imperio de Brasil. La punta de la lucha está en la zona andina pero se depara con la cristalización de líderes de tipo carismático, lo que casi siempre genera desorganización de clase. Los mejores ejemplos de Latinoamérica vienen del Ecuador de la CONAIE heroica que derrumbó tres presidentes; de Bolivia del levante de los campesinos del Chapare, de las guerras del agua y del gas; y en Venezuela del Caracazo y del contra golpe de abril de 2002. En estos países hermanos, la derecha y el imperialismo juegan duro y las izquierdas pelean por dos proyectos distinguidos. Uno de ellos, actualmente victorioso, es lo de un gobierno nacional-popular capitaneado por un Ejecutivo fuerte. Disputando palmo a palmo con los oficialistas, el concepto de Poder Popular se materializa en barricadas, radios comunitarias, fábricas ocupadas, economía cooperativista y movimientos populares que de tan orgánicos pueden pasar a formar una milicia. Esto ya ocurrió con la Coordinadora 23 de Enero de Caracas y hoy, en este exacto momento, se da en la Bolivia de los Ponchos Rojos.

De común entre los gobiernos Morales, Chávez y Correa es la ausencia de organismos políticos que expresen un poder además del carisma de los presidentes y el control del Estado. Todos se dieron cuenta del límite de la Reforma Constitucional y de los peligros de una derecha escuálida en Venezuela de tipo golpista, aliada de Colombia en Ecuador y fascista en el caso boliviano. Los pueblos también van dándose cuenta que construir instituciones políticas de Poder Popular Permanente es mucho más avanzado que apoyar un gobierno nacionalista. El último referéndum en Venezuela es la prueba viva de lo que dijimos. La tentativa de separación de la llamada Media Luna boliviana, teniendo los narcotraficantes, latifundistas de la soya y aliados de las empresas brasileñas al frente, es hoy el mayor riesgo que corre el proceso en la tierra de las radios mineras y donde militó el anarquista Liber Forti.

No serán las fuerzas armadas de estos países las instituciones defensoras de un proceso de cambio. ¡Por el contrario, como todos saben, ninguna fuerza armada derechista es antiimperialista! ¡Ningún gobierno estatal radicaliza un proceso revolucionario! Los pueblos de los países hermanos están encontrando la liberación a través de entidades de base y coordinaciones populares. Faltan organizaciones específicas de intención revolucionarias, falta una referencia de teoría y organización política, pero tenemos la certeza de que esta vía es posible y deseada por las mayorías de cholos, pueblos originales, negros y trabajadores de la sierra, altiplano y las costas. América Latina encontró un camino además del neoliberalismo y no va a retornar más por la vía de la muerte lenta.

Por más fuerza que Lula y su gobierno de políticos de la dictadura y banqueros haga, el Continente no padecerá de los males de las políticas de Brasil. Infelizmente, en el caso brasileño, tenemos una agenda marcada por los hechos de las transnacionales, los medios mentirosos y las elecciones de tipo burgués. Es verdad, politiqueros y demagogos tienen mayor capacidad de absorción de movimientos y sectores por aquí. Las organizaciones políticas con intención de cambio profundo apuestan en el largo plazo y los políticos profesionales juegan en el inmediatismo.

Es lo que ocurre hoy en Argentina, cuando la pareja Kirchner se apoderó del Partido Justicialista, hace alianza con sectores mafiosos del menemismo y acumula para sí la mayor parte de la generación de piqueteros. Cuando pierde, pierde feo por su propia estupidez, como es el caso de los latifundistas soyeros y especuladores del Puerto. Ni por eso el movimiento popular paró de crear nuevas condiciones y salidas para la lucha real. La Federación de Organizaciones de Base (FOB) es el mejor ejemplo de que es posible una vía popular y no peronista. En las provincias argentinas, además del lock out de los latifundistas, estallan luchas directas por la conquista de fábricas y la dignidad en el territorio. Es preciso entender que los caminos más largos son los más consistentes. Y que a todo el momento el sistema está poniendo a la prueba dirigentes y sectores organizados. Esta es una de las funciones de la organización política anarquista, la de demarcar el objetivo finalista y la estrategia permanente a todo el momento. Porque para nosotros, los fines son los medios, y la forma como llegamos a un objetivo es como queremos que este sea conquistado.

Volviendo al análisis rápido, una situación parecida, el deterioro de los valores y códigos de izquierda, se da entre Brasil y Uruguay. Fenómenos semejantes porque algunas reglas de la política real son inevitables. Siempre dijimos que la fórmula electoral es una fábrica de traidores de clase. También afirmamos que la independencia de clase es la única garantía que las entidades de base y el movimiento popular tienen para garantizar sus conquistas. Pues bien, todo lo que el anarquismo afirma hace doscientos años está aconteciendo ahora en nuestro país y en la Banda Oriental. La diferencia es que allá el fenómeno de la corrupción es más leve y la cara dura de los ex-socialistas arrepentidos es más pequeña. Aquí, hicieron alianza descarada con antiguos políticos de la Dictadura. Allá, gracias a fuerza del pueblo organizado luchando por Memoria, Verdad y Justicia, parte de la milicada fue punida.

Aquí, Lula ni siquiera recibió los familiares de víctimas y desaparecidos y no abrió los archivos de la dictadura. Antes de la crisis de la hipotecas podridas (sub prime), conmemoraba junto a Henrique Meirelles (presidente del Banco Central y expresidente mundial del BankBoston) y a Collor de Mello (que apoya a su gobierno) el hecho de que el país fue clasificado como “inversión segura” por una agencia de especulación mundial.

No basta tener las críticas correctas. Tenemos que combatir la descreencia y la desconfianza en la base de las clases oprimidas tras 23 años de falsa democracia en Brasil y traición de clase. El presidente ex-metalúrgico gritó que “¡nunca fue de izquierda!”, y no fue aún. Luiz Inácio es el Lech Walesa de los trópicos. Por lo tanto, la pelea dura que la clase obrera, generando el poder del pueblo, dio en la Gdansk de los ’80, hay que darla otra vez. Cuidando la ruta, para evitar otra traición más en el sur del mundo occidental.

www.radioklara.org

20 de octubre, el día que sus señorías consumaron el expolio.

El Pleno del Congreso de los Diputados convalidó el pasado día 20 los dos decretos ley que contiene el plan, de ayuda a la banca, del Gobierno, gracias a los votos de PSOE, PP, CiU, PNV y UPyD. Así, 320 diputados apoyaron el decreto para la creación del fondo de liquidez para la banca, mientras que 4 escaños lo rechazaron y sólo uno se decantó por la abstención. Asimismo, la segunda de las normas, que plantea la concesión de avales de hasta 100.000 millones de euros, contó con 321 votos favorables, mientras que cuatro se abstuvieron, los diputados del BNG y el de IU. Nadie votó en contra. Así pues, dinero del erario público en masa para proteger a la banca, con el repetido discurso de que sino peligraría el sistema capitalista. Y hasta ahí podríamos llegar...

www.insurgente.org

Entre asesinatos y atropellos avanza la movilización indígena en Colombia.

23/10/08

La masiva movilización congregará unos 30 mil indígenas que, desde la semana pasada, han sido víctimas de asesinatos y abusos por parte de la Fuerza Pública. La marcha busca atención frente a los acuerdos burlados por el gobierno y detener el asesinato de los líderes indígenas. La protesta, que se ha extendido a 16 de los 32 departamentos, ha sido criminalizada por el gobierno. Marlitt Pusecc, Consejera del Consejo Regional Indígena del Cauca, habló con YVKE, y alertó sobre el riesgo de un genocidio.

En Colombia, como en el resto de América Latina, los indígenas no sólo han sido excluidos, expropiados y vejados. Ellos, sobre todo, han hecho parte del olvido. Un olvido conveniente y estratégico. Una desmemoria absoluta y malintencionada, que permite que los indígenas no existan para el resto de la sociedad.

Aunque estaban acá primero, no lo recordamos. Aunque a lo largo de 516 años casi los extinguimos, la historia ayer y los medios hoy lo explican y validan como algo natural, una forzosa medida frente a los salvajes. Aunque los convertimos a una fe infame con un cielo sin puertas, no nos percatamos del infierno en el que los dejamos. A pesar de que acá y ahora son y siguen estando, desterrados en sus resguardos, no los vemos, no los oímos, no nos importan.

En otras partes de la región, muchos pueblos originarios han venido elevando su voz y haciéndose sentir. En Bolivia, un indígena rige los destinos del país, claro está, en medio de la oposición más férrea. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, la CONAIE, es un ejemplo de resistencia, y con sus movilizaciones masivas ha puesto y depuesto presidentes.

En un país en el que las voces disidentes, distintas o minoritarias son negadas a sangre y fuego, los desgraciados indígenas colombianos han sido víctimas del asesinato selectivo de sus líderes, de las masacres y de la violencia de los actores armados de un conflicto consuetudinario, que campea por sus territorios.

“No más”

Después de mucho silencio y de aguantar tanta miseria, los indígenas en Colombia están diciendo “no más”. No más incumplimiento por parte del gobierno a los acuerdos logrados, no más violación de sus territorios por parte de las multinacionales y del propio gobierno, no más asesinatos, atropellos ni sindicaciones. Basta de Plan Colombia, Plan Patriota, o más planes apátridas.

“Son muchas cosas, muchos incumplimientos y problemas, los que han llevado al movimiento indígena a decir “no más” y a levantarnos nuevamente”, afirma Marlitt Pusecc, consejera del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRI), en entrevista concedida a YVKE.

“Y por querer defender nuestros derechos, hemos sido atropellados por la fuerza pública y por el propio presidente, cuando en un consejo comunitario manifiesta que los indígenas somos terroristas. A partir de esa sindicación, han sido asesinados muchos líderes”.

Pronturario de asesinatos

Más de 1200 indígenas han sido asesinados durante los 6 años del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuya relación exacta, con nombres y fechas, esperan poder leerle al presidente el próximo lunes, o cuando se digne recibirlos, si lo hace.

17 de esos crímenes fueron cometidos durante el último mes. Hace apenas 20 días, fue asesinado un exconsejero del CRI. Según indagaciones hechas por los propios indígenas, ocho de esos crímenes han sido cometidos por la fuerza pública, cuatro por los paramilitares, uno por la guerrilla, los otros por autores desconocidos. Las llamadas fuerzas oscuras, que son tan claras.

Sólo durante este mismo gobierno, se estiman en 55 mil los indígenas desplazados, 400 mil sin acceso a tierras y 18 pueblos enteros en peligro de extinción.

La Minga Indígena Nacional

La Minga Indígena Nacional no pretende otra cosa que avanzar hacia el país posible y necesario. Se trata de un mecanismo, “para establecer un camino sólido, desde los pueblos, para construir y desarrollar una agenda de unidad, desde la diversidad y el respeto”.

La Minga es un grito desesperado para la defensa de la vida y los derechos territoriales, políticos, ambientales y alimentarios de las comunidades indígenas.

Unos diez mil indígenas y campesinos, partieron desde el sitio La María, en el municipio Piendamó, en el departamento del Cauca, al sur occidente del país, hacia Cali, una de las ciudades más importantes de Colombia, capital del vecino departamento del Valle del Cauca. En el camino han seguido sumándose miles de indígenas, en una audiencia que crece más y más, y que espera reunir finalmente más de treinta mil indígenas.

“La marcha que estamos realizando la hacemos también para dar a conocer el atropello de que somos víctimas por defender nuestros derechos. ”, señaló Marlitt Pusecc a YVKE. “Queremos llamar la atención de la opinión pública sobre el trato que nos están dando, como terroristas, y denunciar que va a haber un genocidio acá en Colombia contra nosotros los indígenas”.

Los días 14, 15 y 18 de este mes, la fuerza pública arremetió de una manera desmedida y brutal contra los indígenas congregados en La María. Como parte de la movilización, los indígenas bloquearon la vía Panamericana, que conduce de la ciudad de Popayán, capital del Cauca, a Cali. Lo que era una marcha pacífica, se volvió una batalla campal, cuando la policía intentó desalojar la vía por la fuerza.

“En el momento contamos con 120 heridos, la mayoría con arma de fuego, y dos compañeros muertos, también con arma de fuego. Seis compañeros perdieron la vista. Y ocho familias, indígenas y campesinas, fueron desalojadas por la fuerza pública. Quemaron sus viviendas y lo que tenían, y quedaron en total desamparo”, dice Marlitt.

Víctor Meléndez, delegado de la Defensoría del Pueblo en el Cauca, calificó de “desproporcionada” la actitud de la fuerza pública.

La palabra acorralada

A esta represión abierta, y al hermetismo y las tergiversaciones de los poderes mediáticos, se agrega el modo torpe con el que se trató de silenciar los exiguos medios de comunicación del movimiento indígena.

“Cuando hubo más abuso de la autoridad, y estábamos pidiendo solidaridad, nos quitaron la energía en La María y en los sectores desde donde tratábamos de difundir lo que estaba pasando”, afirma Marlitt Pusecc. “Nuestras páginas en Internet se cayeron. Los correos electrónicos y los celulares fueron bloqueados. Nos querían dejar incomunicados”.

La situación motivó un comunicado de la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, en el que expresaba su preocupación por estos hechos, y solicitó a las autoridades “que se aclare lo sucedido con los medios comunitarios del Cauca”.

El fondo de la resistencia

Un punto fundamental del reclamo de los indígenas tiene que ver con el incumplimiento por parte del gobierno de acuerdos adquiridos previamente.

“Han habido masacres cometidas por la fuerza pública, llevadas a instancias nacionales e internacionales, que obligan al gobierno a cumplir con indemnizaciones a las familias y a las comunidades, y el gobierno no ha cumplido”, expresó Marlitt Pusecc.

No se trata, en esencia, como lo explica la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) en un documento reciente, “de negociar nada nuevo, sino de que se dé cumplimiento a lo convenido”.

Frente a masacres cometidas por el propio Estado, entre 1991 y 2005, se celebraron 13 Acuerdos, en los que el Estado Colombiano se comprometió a reparar, individual y colectivamente, a las víctimas y al pueblo Nasa del Norte del Cauca.

El Presidente Ernesto Samper pidió perdón público por la masacre de El Nilo. Una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia a la que los indígenas tuvieron que recurrir al no lograr justicia en el país y ante el asesinato de abogados, jueces y testigos, recomienda al Estado, desde el año 2000, cumplir con los compromisos relativos a la reparación integral.

El propio gobierno actual se comprometió, en 2005, a través del último acuerdo, a dar cumplimiento a todas las obligaciones pendientes en un plazo máximo de dos años.

Pero la larga lista de masacres continúa sin enmienda. Masacres como, por ejemplo, la de la Hacienda El Nilo, con 20 indígenas masacrados, en 1991; la del río Naya (límites entre los departamentos de Cauca y Valle), con más de un centenar de muertos, la mayor parte indígenas, en 2001; la de Gualanday (municipio de Corinto), con 13 indígenas asesinados, en 2001, o la de San Pedro (municipio de Santander de Quilichao), con 7 indígenas asesinados, también en 2001.

El gobierno del presidente Uribe no sólo no ha cumplido con los acuerdos, sino que ha promulgado leyes en contravía de los mismos, y se ha valido de toda clase de artilugios para desautorizar cualquier reclamo de las comunidades indígenas.

Otro punto de la agenda tiene que ver con el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. “Sabemos que en este momento el TLC está en manos del Congreso de los Estados Unidos, por lo que proponemos mecanismos de interlocución frente al Congreso de ese país”, sostienen los indígenas.

La denominada “Legislación de Despojo” es otro tema de la agenda. La misma Corte Constitucional declaró inexequible la Ley Forestal. Los indígenas exigen que el Estatuto Rural, el código de Minas, los Planes de Aguas, y todas las leyes que han debido ser sometidas a consulta previa, sean derogadas. Un verdadero desafío para el presidente Uribe, y, como lo señala el columnista Alfredo Molano, “el mayor alzamiento que haya cuestionado sus políticas —de seguridad democrática, tierras y aguas— y sus planes electorales”.

Ante la amenaza que les significa el propio estado, los indígenas plantean la necesaria intervención y la presencia de una comisión internacional, que pueda asumir funciones concretas, para que se dé respuesta real a su gravísima situación, y solicitan la coordinación del Relator Especial para los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas.

Atentados contra la dignidad

“Y le pedimos al presidente el resarcimiento del buen nombre del movimiento indígena. Que no nos nombren como terroristas, ni nos vinculen con los grupos guerrilleros. Queremos dejar esto muy en claro, porque no es así. Y hoy las vidas de quienes representamos a las comunidades están amenazadas, nos sentimos en peligro. Somos un movimiento donde velamos por los derechos de quienes representamos. Que nos traten con la dignidad y el respeto que nos merecemos”, terminó indicando la Consejera del CRI, Marlitt Pusecc.

La Organización Nacional Indígena de Colombia y la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca han presentado una acción de tutela contra el presidente Álvaro Uribe Vélez, el Ministro del Interior Fabio Valencia Cossio, y el General Freddy Padilla de León, como comandante del Ejército, por la violación de los derechos fundamentales a la vida, la integridad personal, la protección de la honra y la dignidad de los pueblos indígenas que participan en la Minga.

El manejo autoritario de esta crisis y el trato déspota hacia unos interlocutores a los que se subestima o considera indignos, se ejemplifica en los continuos palos de ciego dados por el ministro de defensa, Juan Manuel Santos, adalid de la oligarquía colombiana, y personaje muy estimado y querido para los Estados Unidos.

En la misma tónica en la que el ministro sale apresurado a calificar de atentados de las Farc los “falsos positivos” del estamento militar que él mismo orienta, Juan Manuel Santos sembró en el aire la duda de que estas marchas eran financiadas con recursos internacionales.

A esto, señala Marlitt Pusecc, que “claro que nosotros hemos pedido y estamos pidiendo solidaridad. Necesitamos que nos colaboren con recursos, víveres, agua, medicamentos, que es lo que esencialmente necesitamos. Son 6 días y una cantidad grande de personas marchando. Así que, aunque la responsabilidad de la marcha está en las propias comunidades, pedimos la solidaridad de instituciones y de ONG´s, del país o de afuera”.

Y en verdad que no puede ser de otra manera. No se trata de las marchas uribistas, en las que, al igual que en las campañas presidenciales, van y vienen, y a montones, los dineros lícitos y más bien ilícitos de los grupos económicos, de la oligarquía, del paramilitarismo, y, mejor dicho, del uribismo.

Estamos hablando de marchas indígenas, mejor dicho, de marchas de pobres. Pobres entre los más pobres. En una condena irremediable para el campo, los campesinos y con ellos los indígenas, a la que el propio Juan Manuel Santos contribuyó desde su posición como ministro de Hacienda, durante el gobierno de Andrés Pastrana, y durante 9 años como delegado en Londres ante la Organización Internacional del Café (OIC), poniendo en marcha las políticas neoliberales que ahora escandalizan a sus mismos responsables.

El ministro Santos, en otro ex abrupto, sin que le temblara un músculo de la cara, le exigió a los indígenas disculpas ante los policías heridos en los enfrentamientos. Bien lo respondió el diario colombiano “El Espectador”, en su editorial del domingo anterior, al sostener que “iguales razones, pensarán, tienen ellos (los indígenas) para exigir disculpas de parte de quienes los confrontan violentamente y estigmatizan”.

Y la Minga sigue

La marcha continúa ahora, en medio de los abusos de la Fuerza Pública, cuyos coroneles pregonan la orden de no abrir fuego, aunque los videos caseros de los celulares evidencien otra cosa. Los indígenas siguen adelante, avanzando masivamente por el Sur Occidente, hacia el propio corazón de Colombia, aunque la mayor parte de los medios masivos vuelvan sus titulares hacia “la realidad del país”, donde ellos irremediablemente no figuran. O se los reseñe apenas para afirmar que se están matando ellos mismos, como en el caso de Elver Ilitro, citando la incuestionable Agencia Nacional de Noticias Policiales (Annp). Una agencia independiente, de policías inocentes.

En la Minga, los indígenas le apuestan cada paso a este lema: ¡El estado de conmoción no apagará la voz del pueblo y el clamor de la madre tierra! Y uno no puede dejar de pensar: Ojalá no tengan que apostarle también la vida que les queda.

Las Crónicas de Indias sólo tuvieron la mirada de los conquistadores. ¿Hasta cuándo la conquista y la colonización que aún se hace de los territorios indígenas seguirá teniendo apenas la perspectiva de Uribe y sus congéneres?



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¿Dónde está Rodrigo Rato?

...por Mario Cuéllar

El 24 de julio de 2007 asistí a uno de los ejercicios de “periodismo” más lamentables que he visto en mi vida. El pseudoperiodista (llamarle periodista sería insultar a otros muchos dignos profesionales) Ernesto Saez de Buruaga entrevistó en el programa “En Persona” de Telemadrid a Rodrigo Rato, Director Gerente del FMI en ese momento. Sin duda alguna, ha sido una de las entrevistas más babosas (perdonen la expresión, pero no puedo calificarla de otra forma) que me he tenido que tragar. Un mes antes Rodrigo Rato había anunciado su dimisión como director del FMI y había que ir a Washington a poner en los altares a este “gurú” de la economía mundial.

Sabiendo quien es Buruaga y sus precedentes parecía claro que iba a ser una entrevista dirigida a mostrar su lado humano, sus conocimientos de macroeconomía y ensalzar sus cargos. No me equivoqué.

La primera parte de la entrevista glosó sobre el lado humano de Rato, su infancia, sus estudios y viajes con los Salesianos. Para confirmar que era un buen chico nos relató sus viajes en bici, los bocatas de mantequilla con azúcar, su moto Vespino y sus seiscientos. Muy bucólico.

La segunda parte, fue una loa del entrevistador sobre su trayectoria política desde Alianza Popular en Cádiz, su ascenso en el partido que culmina en la designación como jefe de campaña en la primera elección que ganó Aznar y sus meritos como Ministro de Economía.

El entrevistador paso de Rato, Ministro de Economía de España a Director Gerente del FMI, sin derrotas electorales de por medio y es ahí cuando se mostró más pelota y adulador que nunca al preguntarle sobre el FMI, la importancia de su cargo y el poder que representaba. Era tan penoso que hasta el propio Rato tenía que cortar las alabanzas del pseudoperiodista. No le preguntó cosas como: ¿Cuál fue el papel del FMI en la crisis argentina? o ¿existe democracia en el FMI? Claro que el entrevistador sólo fue a adularle y no a mostrarnos como funciona internamente el FMI. Nada sobre las cuotas, ni sobre la injerencia en las políticas económicas de otros países.

Lo que no sabíamos en ese momento, era que se estaban permitiendo las hipotecas “subprime”, mientras el FMI, en este caso creo que, por omisión o porque el libre mercado se “autorregula”, no se enteraba de nada. En cambio en España, sufríamos los altos precios de la vivienda, la especulación y la corrupción urbanística derivada de la gestión de Rodrigo Rato como Ministro de Economía durante el gobierno del PP y su reforma de la ley del suelo que lo liberalizaba. A esto también contribuyeron los bajos tipos de interés y el denominado por el propio Rato “capitalismo popular”. Ya vemos las consecuencias de aquellas políticas.

Las cuestiones ahora son: ¿Qué opina Rodrigo Rato ahora de la crisis financiera?¿Por qué el señor Buruaga no le entrevista ahora?

El ex Ministro de Economía de España y ex director del Fondo Monetario Internacional permanece en un sospechoso silencio sobre la crisis. Se supone que el FMI tiene como una de sus labores principales la supervisión de los productos financieros. No se entiende que a países en desarrollo se les obligue a adoptar políticas económicas claramente desreguladoras y privatizadoras, se les amenace con no darles créditos si no cumplen con estas políticas o peor aún, cobrarles grandes intereses si no pagan a tiempo y por el contrario, la liberalización del mercado financiero de occidente nos ha llevado a esta situación, sin que nadie en el FMI haya asumido sus responsabilidades, incluso judiciales.

Su escapada al mundo empresarial dejando atrás la política tanto en el Partido Popular como en el FMI no ha podido resultar más oportuna. No es sorprendente como muchos medios guarden silencio sobre aquellas políticas, aquellos dogmas que nos han traído a esta situación. Hay algo peor, el señor Rato no tendrá que asumir ninguna responsabilidad, ni pagar multas. Vivirá un plácido retiro como Consejero Asesor Internacional del Banco de Santander, mientras, eso sí, vamos descubriendo como el neoliberalismo pierde credibilidad en la sociedad. Esperemos que el suficiente para que no se vuelvan a aceptar esas políticas económicas y ojalá que la sociedad madrileña reaccione frente a un medio de comunicación dedicado a difundir esta ideología con el dinero de todos: Telemadrid.

Comparecencia del Estado español ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Los pasados días 20 y 21 de octubre, el Gobierno español compareció ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dentro del 94 periodo de sesiones y en relación al 5º informe periódico, que comenzó el 13 de octubre.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas es el órgano de control del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966, y que tiene como tarea la de comprobar si los Estados parte del Pacto están cumpliendo con sus disposiciones, (el reconocimiento y garantía de los derechos de la persona en su faceta individual –integridad física- y de acción política) que se comprometieron a respetar. Para ello, y entre otras tareas, dicho Comité debe analizar los informes que, cada seis años, han de presentar los Estados parte del Pacto sobre las disposiciones que hayan adoptado y que hagan efectivos a los derechos reconocidos en dicho Pacto.

En este sentido hay que recordar que el Estado español ratificó el pacto en 1977 y desde entonces, y hasta 1996, presentó 4 informes periódicos. En 2002, el Estado español incumplió su obligación de comparecer ante el Comité de Derechos Humanos, y no ha sido hasta 2008 que ha presentado el 5º informe, con un retraso de 12 años. Además, como expresaron los expertos del Comité, en este tiempo los Gobiernos españoles no han cumplido con algunas de las recomendaciones realizadas en el último informe, ni en posteriores informes de diversas instancias internacionales (como el CAT, la Comisión de DDHH del Consejo de Europa o el Relator especial contra la tortura), lo que pone de manifiesto el problema de la pervivencia de la tortura y otras violaciones del Pacto internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Este 5º informe periódico del Estado español ha generado un gran interés por parte de las organizaciones de Derechos Humanos, nacionales e internacionales, que han remitido informes al Comité para su examen: AEDIDH, ALA y APDHE, Amnesty International, CAMHA, Conscience & Peace Tax International, ICJ, Democracy Reporting International, ACAT-FIACAT, Human Rights Watch, APDHA, Basque Observatory of Human Rights – Behatokia-, International Commission of Jurists, además de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura. Estos informes reflejan una valoración absolutamente opuesta a la que efectúa el Estado español en los informes remitidos al Comité [1] para esta ocasión.

Durante las sesiones, la delegación española, formada por ocho miembros de distintos ministerios afectados por las cuestiones a tratar, y presidida por el Sr. Javier Garrigues, embajador representante permanente de la Misión permanente de España en Ginebra, y por Fernando Irurzun, Jefe de la Abogacía General del Estado ante la Audiencia Nacional, que hizo de portavoz de la delegación, expuso los avances que, a su entender, se han realizado en relación a la última evaluación al Estado por parte del Comité en el año 1996. Entre otras cuestiones, se plantearon las medidas que se están tomando para hacer efectiva la doble instancia penal, la mejora de la situación en las prisiones con la construcción de mas cárceles y el aumento en la aplicación de regímenes de semi libertad y los elementos que mejoran la detención incomunicada. Posteriormente, el Estado pasó a responder a las 24 preguntas realizadas, por el Comité. El Gobierno español no cumplió los plazos previstos para enviar sus respuestas escritas, lo que ha dificultado la labor de las organizaciones sociales y de los propios miembros del Comité, que no han podido tener la documentación traducida para las sesiones, hecho apuntado por diversos miembros del Comité.

En el diálogo posterior, los miembros del Comité expresaron sus preocupaciones en relación con la detención incomunicada, (y en concreto la imposibilidad del detenido a ser asistido por un abogado de confianza, la duración de la incomunicación, las reticencias del Gobierno español para grabar los interrogatorios); la prisión provisional, el aislamiento penitenciario; la ‘evidente’ persistencia de la tortura y malos tratos en el Estado español, así como a la ‘poca voluntad’ del Gobierno de ‘mantener un dialogo’ con las organizaciones de la sociedad civil que trabajan sobre estas cuestiones; la segunda instancia y secreto de sumario; la extensión de la noción terrorismo que se ha producido en la ultima década en el Estado español; y episodios de torturas y malos tratos a inmigrantes, algunos con resultado de muerte, sobre los que han solicitado más información. Otras temas tratados por el examen del Comité han sido el tratamiento de los menores inmigrantes no acompañados, las expulsiones masivas de inmigrantes, el acceso al derecho de asilo, las políticas de lucha contra el racismo y la discriminación, la violencia doméstica y la memoria histórica.

Los expertos también mostraron su preocupación por las cuestiones relativas a la libertad de expresión, en referencia a los cierres de periódicos, la encarcelación de un ex-parlamentario europeo, y las persecuciones a las que a veces se ven sometidas las personas pertenecientes a grupos de denuncia de las violaciones de los Derechos Humanos (a este respecto nuestra Coordinadora presentó un informe completo al Comité el pasado julio).[2]

En las deliberaciones de los próximos días, El Comité de Derechos Humanos analizará la información recibida sobre la observancia del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, los avances realizados –o retrocesos- por parte del Estado español, y, en los próximos meses, se hará público el correspondiente Informe. Las recomendaciones que en él se incluyan serán de especial relevancia para la visión que pueda tener la comunidad internacional en referencia a la observancia de los derechos humanos en el Estado español.

Últimos informes de los Comités de Naciones Unidas en relación al Estado español

El último informe de conclusiones publicado por el Comité de Derechos Humanos, tras la comparecencia de abril de 1996 ya mencionada, documento CCPR/C79/Add.61 ([3]), ya incluía referencias a la “falta de investigaciones” en materia de tortura y que “cuando miembros de esas fuerzas son declarados culpables de tales actos y condenados con penas de privación de libertad, a menudo reciben indultos”. Asimismo, señalaban la detención incomunicada por la que los detenidos acusados de pertenencia a organizaciones armadas “no tienen derecho a designar su propio abogado y son juzgados en la Audiencia Nacional sin tener posibilidad de presentar recurso”, ante lo que exhorta al Estado parte a “abstenerse de utilizar la detención incomunicada y le invita a reducir la duración de la prisión provisional”.

Aquel mismo año, 2002, El Estado español tuvo que comparecer ante el Comité de Naciones Unidas Contra la Tortura que, tras dicha comparecencia, emitió su informe final, recogido en CAT/C/CR/29/3 [4], y en el que mostraba su preocupación por: la persistencia de casos de tortura y malos tratos por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; el mantenimiento de la detención incomunicada; la prolongada dilación de las investigaciones judiciales respecto a denuncias de tortura; las denuncias de malos tratos infligidos a inmigrantes, incluyendo abuso sexual y violación, supuestamente por motivaciones racistas o xenófobas; y las severas condiciones de reclusión de algunos de los presos clasificados en el denominado Fichero de Internos de Especial Seguimiento.

Madrid, 22 de octubre de 2008

Notas:

[1]Todos ellos, junto con los informes del Estado español, pueden verse en: http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrc/hrcs94.htm
[2]http://acat.pangea.org/publica/Informe-defensores.pdf
[3]http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/CCPR.C.79.Add.61.En?Opendocument
[4] http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/CAT.C.CR.29.3.Sp?Opendocument

www.prevenciontortura.org